
Amar no es suficiente- Y a la vez lo es todo
TE AMO.
Dos palabras que toda persona trans necesita escuchar, pero el amor sin acción puede dejarla sintiéndose todavía sola en su viaje de género.
Cuando la que hasta entonces creía mi hija me confesó, sollozando y con miedo, de inmediato comprendí la seriedad del asunto, es decir, nadie pasaría por eso si no lo sintiera en el fondo de su ser.
En ningún momento cuestioné la veracidad de sus palabras, pero las implicaciones empezaron a aparecer en mi cabeza, y la mejor palabra que las puede definir es asfixiantes.
Me logré sacudir ese sentimiento y fingir mi mejor cara que le transmitiera que todo iba a estar bien, pero ¿lo estaría en realidad? Había un trecho muy grande entre sentir mis mejores deseos de que lo estuviera y que en realidad pudiera ofrecerle a mi hijo la seguridad que necesitaba.
Empecé a nadar un mar de información contradictoria; alguna muy fácil de detectar como puro lenguaje de odio, con motivaciones nada ocultas, y la descartaba fácil. Otra estaba mucho más elaborada, disfrazaba bien esas malas intenciones de desinformar y la hacía pasar por información científica. Se necesita mucho colmillo para detectarla y mucho valor para no dejarte afectar por ella.
Poco a poco, con constancia y valor, pude ir encontrando algo que reflejara la realidad de mi hijo y me educara con las herramientas para poderle ayudar.
Mi primera reacción amorosa estuvo bien. Sentí su alivio al darse cuenta de que no lo rechazaba. ¿Pero en qué cabeza cabría rechazar a tu propio hijo por algo fuera de su control? Tristemente, esos casos son más comunes que los de aceptación.
Lo entiendo en parte, porque en nuestras familias latinas la presión social, el fanatismo religioso y el simple pero poderoso “qué dirán” hacen muy difícil que la diversidad de género se viva como una variación natural, que lo es, y nos enfrentamos a una resistencia muy grande. Enfréntala, claro, lo mejor que puedas, pero nunca he entendido que prefieran sacrificar la felicidad de sus hijes a favor del qué dirán.
Mi hijo y yo nos abrazamos y nos quedamos viendo como diciendo
Y ahora ¿cómo le hacemos?
Yo no tenía las respuestas, ¡en absoluto! Era una neófita en el tema y sí, el amor que sentía era el principio, pero no alcanzaba.
Sentí mucho no tener qué decir, no saber como le iba a ayudar a llegar a la otra orilla. Claramente mi polluelo tampoco tenía las respuestas; él sabía quién era, pero el camino sería largo. Él con su autenticidad, yo con mi amor, nos embarcamos en un viaje de género, inevitablemente juntes.
Estuve días pasmada, como aturdida, sin dar paso firme hacia algo más concreto. Él me veía ahora amorosamente, pero ya había cumplido su primera meta de confesármelo e invitarme a su mundo y, al haberla dejado atrás, veía hacía el futuro con impaciencia. Él necesitaba mi guía y yo estaba congelada por el miedo.
Un día tomando mi café de en la mañana y viendo al cielo con actitud reflexiva, me resonó una frase de mi abuela que hizo retumbar mis cimientos:
El camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones, mija. ¡Más acción y menos romanticismo!
Mi abue era pragmática y yo también, educada en el mundo corporativo en donde la regla era “Haz que ocurra, no me pongas pretextos”. Sí, ahí las metas se cumplían porque se cumplían y era tu responsabilidad el encontrar un cómo. Lo había hecho en incontables ocasiones por mi compañía, tenía fama de ser una buena líder y lograr los resultados; ¿Podía ser sistemática e idear un plan para ayudar a mi hijo? ¡Totalmente!
Empecé a organizarme y le conseguí a mi hijo un psicólogo experto que empezó a acompañarlo en su alineación de género. Él disfrutaba mucho al darse cuenta de su avance y ahora tenía herramientas para gestionar sus emociones. Cada sábado al recogerlo, lo veía salir con una sonrisa en la cara.
Pero ¿y la madre? Estaba más tranquila dando pasos, pero sabía que esto no era como conseguir una meta financiera, sino que tendría que librar muchas batallas altamente emocionales para mí. Una tremenda fue con su escuela, que se negaba a utilizar los pronombres masculinos y dejar a mi hijo utilizar el baño de hombres.
Mamá leona con todo su amor se armó hasta los dientes con valor, pero no sé qué hubiera hecho sin el doctor que le acompañó y desarmó uno a uno los argumentos de la escuela, con maestría. El conocimiento es poder y no todas las batallas se ganan a base de músculo. El enfoque humano y compasivo del doctor acabaron por abrir las puertas que yo no podía abrir por pura fuerza. Anotado, otra vez no alcanzaban el amor y las buenas intenciones.
Eso trajo un gran desgaste en mí y me empecé a convertir en una persona más nerviosa y menos paciente con la gente que no entendía a mi hijo; claramente me estaba pasando la factura. Alguien me sugirió buscar ayuda, pero le aclaré que yo no era la prioridad, sino mi hijo. Yo podía aguantar, pero quien enfrentaba el reto más grande era él, obviamente. Pero fue un error.
Le comenté al doctor con algo de pena, sintiéndome egoísta un día que no pude más y le confesé mi sentir. Afortunadamente, él utilizó una metáfora que me hizo darme cuenta de que, si yo me desgastaba tanto en el proceso, eso no me ayudaba ni a mí ni a mi hijo.
En el avión te dicen que te pongas la mascarilla tú primero y solo después se la pongas al menor, ¿te resuena?
Claro, tú necesitas asegurar que vas a estar bien, porque si te desmayas, acaban desmayades les dos. Mamá fuerte ayuda más.
Ahí es cuando me integré a una comunidad de familias que estaban navegando el mismo viaje de género y me eduqué acerca del tema, con información y armas para defender a mi hijo, llevándolo sano y salvo a puerto.
Me permití quitarme la coraza de mamá leona y volverme vulnerable en un lugar seguro, con la comprensión y contención de quien vivía lo mismo que yo. La ejecutiva que sabía ser fría como el hielo en el mundo corporativo, ahora sin caretas, sin pretensiones, dejándose ser humana y expresando su verdadero sentir.
Ahí aprendí que mi vulnerabilidad me hacía fuerte y no débil.
Gracias a eso, di pasos firmes y adquirí la seguridad que me permitió comunicar a la familia extendida lo que estábamos viviendo y lograr su apoyo y comprensión.
También tengo la seguridad para ir cambiando el mundo, a veces de persona en persona con micro activismos a favor de la diversidad, y a veces con un impacto más grande al hablar en público.
Este viaje de género fue transformador para bien, porque me permitió enfrentar miedos y vencerlos. Gracias a mi hijo de género diverso, te puedo decir, sin lugar a dudas, que soy una mejor persona.
Descubrí que el amor pasivo es muy diferente a ser una verdadera aliada activa.
Sí, todo comenzó con el amor, pero se complementó con acción masiva y estratégica.
Si este testimonio de una madre que se integró a la TransFamily Alliance resonó contigo, si sus sentimientos describen lo que tu has sentido y quisieras seguir sus pasos ¡te tenemos una buena noticia!
Hemos replicado el curso que originalmente dábamos en inglés, ahora en español.
Navegando el Viaje de Género, es una experiencia educativa y vivencial, diseñada para familias primerizas con hijes trans y de género diverso.
Atrévete a vivirla en un espacio seguro, guiada por expertes que te darán las herramientas para apoyarte a ti y a tu hije de manera estratégica y efectiva.
Aquí tienes la información al respecto y todo lo que necesitas es aplicar para una entrevista donde podrás preguntar todas tus dudas y nos aseguraremos de que este sea el programa adecuado para ti.
¿Qué dices? ¡Anímate!
Juliette Greenham Güémez es coach de crianza de la TransFamily Alliance y facilitadora de Navegando el Viaje de Género, el programa en español para familias con hijes trans y de género diverso. Contadora y MBA por la Universidad de Kent, en Inglaterra, combinó una sólida carrera en finanzas con su propia experiencia de transición después de los 40 años para dedicarse de lleno al acompañamiento de familias en su viaje de género. Es escritora, investigadora y creadora de contenido comprometida con la divulgación responsable de la diversidad de género. Juliette trabaja junto al equipo de la TransFamily Alliance, el Gender Health Training Institute y Quest Family Therapy, y sabe de primera mano lo que significa encontrar el camino hacia una vida auténtica — y lo que una familia amorosa y bien informada puede cambiar.

Amar no es suficiente- Y a la vez lo es todo
TE AMO.
Dos palabras que toda persona trans necesita escuchar, pero el amor sin acción puede dejarla sintiéndose todavía sola en su viaje de género.
Cuando la que hasta entonces creía mi hija me confesó, sollozando y con miedo, de inmediato comprendí la seriedad del asunto, es decir, nadie pasaría por eso si no lo sintiera en el fondo de su ser.
En ningún momento cuestioné la veracidad de sus palabras, pero las implicaciones empezaron a aparecer en mi cabeza, y la mejor palabra que las puede definir es asfixiantes.
Me logré sacudir ese sentimiento y fingir mi mejor cara que le transmitiera que todo iba a estar bien, pero ¿lo estaría en realidad? Había un trecho muy grande entre sentir mis mejores deseos de que lo estuviera y que en realidad pudiera ofrecerle a mi hijo la seguridad que necesitaba.
Empecé a nadar un mar de información contradictoria; alguna muy fácil de detectar como puro lenguaje de odio, con motivaciones nada ocultas, y la descartaba fácil. Otra estaba mucho más elaborada, disfrazaba bien esas malas intenciones de desinformar y la hacía pasar por información científica. Se necesita mucho colmillo para detectarla y mucho valor para no dejarte afectar por ella.
Poco a poco, con constancia y valor, pude ir encontrando algo que reflejara la realidad de mi hijo y me educara con las herramientas para poderle ayudar.
Mi primera reacción amorosa estuvo bien. Sentí su alivio al darse cuenta de que no lo rechazaba. ¿Pero en qué cabeza cabría rechazar a tu propio hijo por algo fuera de su control? Tristemente, esos casos son más comunes que los de aceptación.
Lo entiendo en parte, porque en nuestras familias latinas la presión social, el fanatismo religioso y el simple pero poderoso “qué dirán” hacen muy difícil que la diversidad de género se viva como una variación natural, que lo es, y nos enfrentamos a una resistencia muy grande. Enfréntala, claro, lo mejor que puedas, pero nunca he entendido que prefieran sacrificar la felicidad de sus hijes a favor del qué dirán.
Mi hijo y yo nos abrazamos y nos quedamos viendo como diciendo
Y ahora ¿cómo le hacemos?
Yo no tenía las respuestas, ¡en absoluto! Era una neófita en el tema y sí, el amor que sentía era el principio, pero no alcanzaba.
Sentí mucho no tener qué decir, no saber como le iba a ayudar a llegar a la otra orilla. Claramente mi polluelo tampoco tenía las respuestas; él sabía quién era, pero el camino sería largo. Él con su autenticidad, yo con mi amor, nos embarcamos en un viaje de género, inevitablemente juntes.
Estuve días pasmada, como aturdida, sin dar paso firme hacia algo más concreto. Él me veía ahora amorosamente, pero ya había cumplido su primera meta de confesármelo e invitarme a su mundo y, al haberla dejado atrás, veía hacía el futuro con impaciencia. Él necesitaba mi guía y yo estaba congelada por el miedo.
Un día tomando mi café de en la mañana y viendo al cielo con actitud reflexiva, me resonó una frase de mi abuela que hizo retumbar mis cimientos:
El camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones, mija. ¡Más acción y menos romanticismo!
Mi abue era pragmática y yo también, educada en el mundo corporativo en donde la regla era “Haz que ocurra, no me pongas pretextos”. Sí, ahí las metas se cumplían porque se cumplían y era tu responsabilidad el encontrar un cómo. Lo había hecho en incontables ocasiones por mi compañía, tenía fama de ser una buena líder y lograr los resultados; ¿Podía ser sistemática e idear un plan para ayudar a mi hijo? ¡Totalmente!
Empecé a organizarme y le conseguí a mi hijo un psicólogo experto que empezó a acompañarlo en su alineación de género. Él disfrutaba mucho al darse cuenta de su avance y ahora tenía herramientas para gestionar sus emociones. Cada sábado al recogerlo, lo veía salir con una sonrisa en la cara.
Pero ¿y la madre? Estaba más tranquila dando pasos, pero sabía que esto no era como conseguir una meta financiera, sino que tendría que librar muchas batallas altamente emocionales para mí. Una tremenda fue con su escuela, que se negaba a utilizar los pronombres masculinos y dejar a mi hijo utilizar el baño de hombres.
Mamá leona con todo su amor se armó hasta los dientes con valor, pero no sé qué hubiera hecho sin el doctor que le acompañó y desarmó uno a uno los argumentos de la escuela, con maestría. El conocimiento es poder y no todas las batallas se ganan a base de músculo. El enfoque humano y compasivo del doctor acabaron por abrir las puertas que yo no podía abrir por pura fuerza. Anotado, otra vez no alcanzaban el amor y las buenas intenciones.
Eso trajo un gran desgaste en mí y me empecé a convertir en una persona más nerviosa y menos paciente con la gente que no entendía a mi hijo; claramente me estaba pasando la factura. Alguien me sugirió buscar ayuda, pero le aclaré que yo no era la prioridad, sino mi hijo. Yo podía aguantar, pero quien enfrentaba el reto más grande era él, obviamente. Pero fue un error.
Le comenté al doctor con algo de pena, sintiéndome egoísta un día que no pude más y le confesé mi sentir. Afortunadamente, él utilizó una metáfora que me hizo darme cuenta de que, si yo me desgastaba tanto en el proceso, eso no me ayudaba ni a mí ni a mi hijo.
En el avión te dicen que te pongas la mascarilla tú primero y solo después se la pongas al menor, ¿te resuena?
Claro, tú necesitas asegurar que vas a estar bien, porque si te desmayas, acaban desmayades les dos. Mamá fuerte ayuda más.
Ahí es cuando me integré a una comunidad de familias que estaban navegando el mismo viaje de género y me eduqué acerca del tema, con información y armas para defender a mi hijo, llevándolo sano y salvo a puerto.
Me permití quitarme la coraza de mamá leona y volverme vulnerable en un lugar seguro, con la comprensión y contención de quien vivía lo mismo que yo. La ejecutiva que sabía ser fría como el hielo en el mundo corporativo, ahora sin caretas, sin pretensiones, dejándose ser humana y expresando su verdadero sentir.
Ahí aprendí que mi vulnerabilidad me hacía fuerte y no débil.
Gracias a eso, di pasos firmes y adquirí la seguridad que me permitió comunicar a la familia extendida lo que estábamos viviendo y lograr su apoyo y comprensión.
También tengo la seguridad para ir cambiando el mundo, a veces de persona en persona con micro activismos a favor de la diversidad, y a veces con un impacto más grande al hablar en público.
Este viaje de género fue transformador para bien, porque me permitió enfrentar miedos y vencerlos. Gracias a mi hijo de género diverso, te puedo decir, sin lugar a dudas, que soy una mejor persona.
Descubrí que el amor pasivo es muy diferente a ser una verdadera aliada activa.
Sí, todo comenzó con el amor, pero se complementó con acción masiva y estratégica.
Si este testimonio de una madre que se integró a la TransFamily Alliance resonó contigo, si sus sentimientos describen lo que tu has sentido y quisieras seguir sus pasos ¡te tenemos una buena noticia!
Hemos replicado el curso que originalmente dábamos en inglés, ahora en español.
Navegando el Viaje de Género, es una experiencia educativa y vivencial, diseñada para familias primerizas con hijes trans y de género diverso.
Atrévete a vivirla en un espacio seguro, guiada por expertes que te darán las herramientas para apoyarte a ti y a tu hije de manera estratégica y efectiva.
Aquí tienes la información al respecto y todo lo que necesitas es aplicar para una entrevista donde podrás preguntar todas tus dudas y nos aseguraremos de que este sea el programa adecuado para ti.
¿Qué dices? ¡Anímate!
Juliette Greenham Güémez es coach de crianza de la TransFamily Alliance y facilitadora de Navegando el Viaje de Género, el programa en español para familias con hijes trans y de género diverso. Contadora y MBA por la Universidad de Kent, en Inglaterra, combinó una sólida carrera en finanzas con su propia experiencia de transición después de los 40 años para dedicarse de lleno al acompañamiento de familias en su viaje de género. Es escritora, investigadora y creadora de contenido comprometida con la divulgación responsable de la diversidad de género. Juliette trabaja junto al equipo de la TransFamily Alliance, el Gender Health Training Institute y Quest Family Therapy, y sabe de primera mano lo que significa encontrar el camino hacia una vida auténtica — y lo que una familia amorosa y bien informada puede cambiar.







