
¿Puede una familia celebrar el orgullo cuando todavía está tratando de entenderlo?
Junio llegó, pero había pasado solo mes y medio de que “el segundo hijo” de esa familia les había comunicado que en realidad era una persona no binaria. Elle tenía 17 años y nunca había dado señales de estar batallando con el tema del género, por lo que les tomó completamente por sorpresa.
La reacción del hermano mayor fue muy mala; educado en lo profundo de la comunidad latina, “las mariconerías” eran repudiadas con mucha fuerza. El papá mejor no hablaba, en verdad había enmudecido o estaba siendo prudente antes de emitir un juicio; nadie lo sabía. La mamá lloró mucho y le dijo que le iba a apoyar, pero no entendía nada en absoluto de lo que elle le explicaba. El amor era lo único en ese momento que le hacía seguir adelante. Los hermanes que le seguían eran gemelitos, niña y niño, y ellos parecían comprender más que todos y fueron muy amorosos.
La familia había emigrado a Estados Unidos hace algunos años, buscando un mayor ingreso y mejores oportunidades; de alguna manera se habían adaptado bien, hasta que llegó esa ola que parecía odiarlo todo y a todos. Los migrantes estaban en el ojo del huracán, y hacía tres meses, José, el compadre, había sido deportado. Tenían que vivir discretamente, decidieron, dedicándose a trabajar y no meterse en problemas.
“Pero Pá” le dijo el hijo mayor para señalar la falla en su lógica, “No hace falta meterse en problemas cuando nuestro color de piel o nuestro acento es razón suficiente para agredirnos”. Tenía razón. Por eso el tema de ser persona no binaria no era del todo oportuno, pero al final la vida decide y las cosas pasan no cuando son convenientes, sino porque así tocó.
En realidad, elle lo llevaba sufriendo durante años, y proyectaba una híper masculinidad a propósito, con tal de que no le cacharan. Lo hacía bien, ya que nadie sospechó.
El mes del pride tampoco esperó a que las cosas se acomodaran, pero en Javier había una gran expectativa por mostrar su orgullo por primera vez abiertamente. ¿Te imaginas la olla express de tantos años de acumular presión? Se sentía orgullose y segure de quien era y doblemente motivade precisamente ante los embates anti-trans. Quedarse en silencio ya no era opción, ya no había closet que le contuviera y nada le iba a detener.
“Con precaución mijo, eh perdón, mije” le dijo su mamá sin estar segura de estar usando el lenguaje correcto.
Sí, era correcto, pero ni siquiera se trataba del lenguaje; ese solo acto le dijo a Javier “te veo, te creo, te apoyo”. Fueron las palabras más dulces que hubiera escuchado jamás.
Javier no paraba de hablar del pride y había conectado por internet con otras personas de la diversidad, que le habían invitado a participar en el desfile y le ofrecieron protección y cariño. Pero para la familia todo eso sonaba ajeno, mientras hacían el esfuerzo por entender qué puede llevar a una persona a no sentirse de un género, sino algo “por ahí en medio”.
“Es un continuo, no un binario” les explicó pacientemente Javier, mientras que sus xadres se veían más confundidos, quienes toda la vida habían visto hombres o mujeres, nunca personas en medio.
“¿O sea que te gustan los hombres?” Le preguntaron.
Eso es otra cosa, no hay reglas acerca de quién está bien que te guste y quien está mal. Esto no se trata de quién me gusta; se trata de mí, de quién soy. Ya después nos preocupamos por la pareja. El hermano mayor pateó una caja, enojado, en desaprobación.
Entonces, la reacción negativa del hermano se convirtió en oportunidad. El papá por fin abrió la boca y habló con su hijo mayor.:
—Mira Miguel, no está bien que trates así a Javier. ¿Te acuerdas cuando nos estabas dando problemas y te dio por tomar alcohol? Nosotros te tratamos con paciencia y cariño; afortunadamente entendiste y eres una persona de bien. Javier se merece nuestro apoyo, aunque no entendamos, porque cada quien es dueño de su vida.
Miguel no tuvo de otra que entender, ya que su papá tenía razón. Él quiere mucho a Javier, y confesó que era el miedo que le hacía actuar así.
—Soy su hermano mayor, es mi deber protegerlo. Yo sé que esto le va a traer problemas.
—Por eso mijo, razón de más para apoyarlo y no agredirlo.
Esa noche Miguel fue a abrazar a Javier.
—¡Somos una familia valiente, carajo! Nos fuimos lejos de nuestro hogar buscando una mejor vida; ni esto ni nada va a poder con nosotros.
Es sumamente difícil cuando una familia enfrenta algo así sin conocerlo. Es exponencialmente más difícil cuando se enfrentan capas de discriminación, lo que los expertos llaman interseccionalidad.
Nadie, ni siquiera Javier, estaba exigiendo que lo supieran todo o se convirtieran en activistas de un día para el otro. Las familias requieren de información precisa, procesar sus sentimientos de duda, duelo, tristeza, miedo, vergüenza (tan común en las comunidades latinas que le temen al terrible qué dirán).
Algo que les hizo muy bien y por fin sintieron un alivio, fue participar en una reunión en donde había otras familias que estaban viviendo sus viajes de género. Familias que habían pasado por esos momentos de confusión y miedo hacía ya tiempo, parecían estar felices apoyando a sus hijes. No les había sido fácil, por supuesto, pero “es que el amor siempre gana” les dijo un papá orgulloso de su hija trans.
Familias que habían recibido una educación tradicional, conservadora como la de la familia de Javier o hasta más, habían entendido perfectamente que esta es solo una variación más de la naturaleza, no algo pecaminoso ni vergonzoso.
Atestiguaron como, al hacer su transición de género, sus hijes brillaban más, les había cambiado la carita de tristeza por una sonriente, y aunque el camino no había sido libre de problemas, afortunadamente sus hijes estaban floreciendo y encaminándose a vidas más felices que cuando vivían sufriendo, ¡encima en silencio!
No se trata de tener las respuestas a todo, ni que tengan que resolverlo todo ahora. Estos viajes del género toman su tiempo, se dan pasos firmes, informados, con guías expertos.
Pero no necesitas entender para amar a tu hije, ¿o sí?
Con disposición y con mucho cariño, emprendió la familia su viaje.
Esta vez no hubo orgullo en Instagram o fueron a un desfile. No es la única manera de demostrar el orgullo.
Pero ahora toda la familia usa el pronombre elle, el correcto, y saben que su hije es una persona de bien y ahora ya tienen otro motivo para sentir orgullo por elle:
¡Por valiente!
¡Es mucho mejor navegar un viaje de género con ayuda experta que querer reinventar la rueda!
Por lo mismo y pensando en nuestra querida comunidad de habla hispana, hemos replicado un grupo de educación en el tema, junto con otras familias trans, en donde también procesaremos nuestras emociones dolorosas.
Ahora totalmente en español, Navegando el viaje de género es ese espacio seguro en donde procesar los sentimientos y aprender herramientas para apoyar a tu hije en su valiente viaje.
¿Te animas? Solo tienen que aplicar para agendar una entrevista aquí.
Ahí podrás resolver tus dudas acerca del curso y decidir si es el lugar para ti.
¡Te vemos del otro lado!
Juliette Greenham Güémez es coach de crianza de la TransFamily Alliance y facilitadora de Navegando el Viaje de Género, el programa en español para familias con hijes trans y de género diverso. Contadora y MBA por la Universidad de Kent, en Inglaterra, combinó una sólida carrera en finanzas con su propia experiencia de transición después de los 40 años para dedicarse de lleno al acompañamiento de familias en su viaje de género. Es escritora, investigadora y creadora de contenido comprometida con la divulgación responsable de la diversidad de género. Juliette trabaja junto al equipo de la TransFamily Alliance, el Gender Health Training Institute y Quest Family Therapy, y sabe de primera mano lo que significa encontrar el camino hacia una vida auténtica — y lo que una familia amorosa y bien informada puede cambiar.

¿Puede una familia celebrar el orgullo cuando todavía está tratando de entenderlo?
Junio llegó, pero había pasado solo mes y medio de que “el segundo hijo” de esa familia les había comunicado que en realidad era una persona no binaria. Elle tenía 17 años y nunca había dado señales de estar batallando con el tema del género, por lo que les tomó completamente por sorpresa.
La reacción del hermano mayor fue muy mala; educado en lo profundo de la comunidad latina, “las mariconerías” eran repudiadas con mucha fuerza. El papá mejor no hablaba, en verdad había enmudecido o estaba siendo prudente antes de emitir un juicio; nadie lo sabía. La mamá lloró mucho y le dijo que le iba a apoyar, pero no entendía nada en absoluto de lo que elle le explicaba. El amor era lo único en ese momento que le hacía seguir adelante. Los hermanes que le seguían eran gemelitos, niña y niño, y ellos parecían comprender más que todos y fueron muy amorosos.
La familia había emigrado a Estados Unidos hace algunos años, buscando un mayor ingreso y mejores oportunidades; de alguna manera se habían adaptado bien, hasta que llegó esa ola que parecía odiarlo todo y a todos. Los migrantes estaban en el ojo del huracán, y hacía tres meses, José, el compadre, había sido deportado. Tenían que vivir discretamente, decidieron, dedicándose a trabajar y no meterse en problemas.
“Pero Pá” le dijo el hijo mayor para señalar la falla en su lógica, “No hace falta meterse en problemas cuando nuestro color de piel o nuestro acento es razón suficiente para agredirnos”. Tenía razón. Por eso el tema de ser persona no binaria no era del todo oportuno, pero al final la vida decide y las cosas pasan no cuando son convenientes, sino porque así tocó.
En realidad, elle lo llevaba sufriendo durante años, y proyectaba una híper masculinidad a propósito, con tal de que no le cacharan. Lo hacía bien, ya que nadie sospechó.
El mes del pride tampoco esperó a que las cosas se acomodaran, pero en Javier había una gran expectativa por mostrar su orgullo por primera vez abiertamente. ¿Te imaginas la olla express de tantos años de acumular presión? Se sentía orgullose y segure de quien era y doblemente motivade precisamente ante los embates anti-trans. Quedarse en silencio ya no era opción, ya no había closet que le contuviera y nada le iba a detener.
“Con precaución mijo, eh perdón, mije” le dijo su mamá sin estar segura de estar usando el lenguaje correcto.
Sí, era correcto, pero ni siquiera se trataba del lenguaje; ese solo acto le dijo a Javier “te veo, te creo, te apoyo”. Fueron las palabras más dulces que hubiera escuchado jamás.
Javier no paraba de hablar del pride y había conectado por internet con otras personas de la diversidad, que le habían invitado a participar en el desfile y le ofrecieron protección y cariño. Pero para la familia todo eso sonaba ajeno, mientras hacían el esfuerzo por entender qué puede llevar a una persona a no sentirse de un género, sino algo “por ahí en medio”.
“Es un continuo, no un binario” les explicó pacientemente Javier, mientras que sus xadres se veían más confundidos, quienes toda la vida habían visto hombres o mujeres, nunca personas en medio.
“¿O sea que te gustan los hombres?” Le preguntaron.
Eso es otra cosa, no hay reglas acerca de quién está bien que te guste y quien está mal. Esto no se trata de quién me gusta; se trata de mí, de quién soy. Ya después nos preocupamos por la pareja. El hermano mayor pateó una caja, enojado, en desaprobación.
Entonces, la reacción negativa del hermano se convirtió en oportunidad. El papá por fin abrió la boca y habló con su hijo mayor.:
—Mira Miguel, no está bien que trates así a Javier. ¿Te acuerdas cuando nos estabas dando problemas y te dio por tomar alcohol? Nosotros te tratamos con paciencia y cariño; afortunadamente entendiste y eres una persona de bien. Javier se merece nuestro apoyo, aunque no entendamos, porque cada quien es dueño de su vida.
Miguel no tuvo de otra que entender, ya que su papá tenía razón. Él quiere mucho a Javier, y confesó que era el miedo que le hacía actuar así.
—Soy su hermano mayor, es mi deber protegerlo. Yo sé que esto le va a traer problemas.
—Por eso mijo, razón de más para apoyarlo y no agredirlo.
Esa noche Miguel fue a abrazar a Javier.
—¡Somos una familia valiente, carajo! Nos fuimos lejos de nuestro hogar buscando una mejor vida; ni esto ni nada va a poder con nosotros.
Es sumamente difícil cuando una familia enfrenta algo así sin conocerlo. Es exponencialmente más difícil cuando se enfrentan capas de discriminación, lo que los expertos llaman interseccionalidad.
Nadie, ni siquiera Javier, estaba exigiendo que lo supieran todo o se convirtieran en activistas de un día para el otro. Las familias requieren de información precisa, procesar sus sentimientos de duda, duelo, tristeza, miedo, vergüenza (tan común en las comunidades latinas que le temen al terrible qué dirán).
Algo que les hizo muy bien y por fin sintieron un alivio, fue participar en una reunión en donde había otras familias que estaban viviendo sus viajes de género. Familias que habían pasado por esos momentos de confusión y miedo hacía ya tiempo, parecían estar felices apoyando a sus hijes. No les había sido fácil, por supuesto, pero “es que el amor siempre gana” les dijo un papá orgulloso de su hija trans.
Familias que habían recibido una educación tradicional, conservadora como la de la familia de Javier o hasta más, habían entendido perfectamente que esta es solo una variación más de la naturaleza, no algo pecaminoso ni vergonzoso.
Atestiguaron como, al hacer su transición de género, sus hijes brillaban más, les había cambiado la carita de tristeza por una sonriente, y aunque el camino no había sido libre de problemas, afortunadamente sus hijes estaban floreciendo y encaminándose a vidas más felices que cuando vivían sufriendo, ¡encima en silencio!
No se trata de tener las respuestas a todo, ni que tengan que resolverlo todo ahora. Estos viajes del género toman su tiempo, se dan pasos firmes, informados, con guías expertos.
Pero no necesitas entender para amar a tu hije, ¿o sí?
Con disposición y con mucho cariño, emprendió la familia su viaje.
Esta vez no hubo orgullo en Instagram o fueron a un desfile. No es la única manera de demostrar el orgullo.
Pero ahora toda la familia usa el pronombre elle, el correcto, y saben que su hije es una persona de bien y ahora ya tienen otro motivo para sentir orgullo por elle:
¡Por valiente!
¡Es mucho mejor navegar un viaje de género con ayuda experta que querer reinventar la rueda!
Por lo mismo y pensando en nuestra querida comunidad de habla hispana, hemos replicado un grupo de educación en el tema, junto con otras familias trans, en donde también procesaremos nuestras emociones dolorosas.
Ahora totalmente en español, Navegando el viaje de género es ese espacio seguro en donde procesar los sentimientos y aprender herramientas para apoyar a tu hije en su valiente viaje.
¿Te animas? Solo tienen que aplicar para agendar una entrevista aquí.
Ahí podrás resolver tus dudas acerca del curso y decidir si es el lugar para ti.
¡Te vemos del otro lado!
Juliette Greenham Güémez es coach de crianza de la TransFamily Alliance y facilitadora de Navegando el Viaje de Género, el programa en español para familias con hijes trans y de género diverso. Contadora y MBA por la Universidad de Kent, en Inglaterra, combinó una sólida carrera en finanzas con su propia experiencia de transición después de los 40 años para dedicarse de lleno al acompañamiento de familias en su viaje de género. Es escritora, investigadora y creadora de contenido comprometida con la divulgación responsable de la diversidad de género. Juliette trabaja junto al equipo de la TransFamily Alliance, el Gender Health Training Institute y Quest Family Therapy, y sabe de primera mano lo que significa encontrar el camino hacia una vida auténtica — y lo que una familia amorosa y bien informada puede cambiar.







